La influencia de la cultura en nuestra forma de ver el mundo

Mtra. Iliana Carolina Zavala Ramírez, directora de la Licenciatura en Administración y Desarrollo Turístico.


«Los discursos oficiales sobre el turismo sostienen que una de las ventajas de esta experiencia es el encuentro entre modos de vida y cosmovisiones diferentes». (Fuller, N. 2013)

La cultura está en todas partes, aunque muchas veces no nos demos cuenta. Vive en la forma en que hablamos, pensamos, creemos, en lo que admiramos y hasta en lo que nos causa tristeza, miedo o emoción. Desde pequeños aprendemos a mirarnos a través de los mensajes que recibimos de nuestra familia, en la escuela, en la comunidad en la que vivimos y de lo que observamos en los medios de comunicación. Esa mezcla va construyendo la imagen que tenemos sobre el mundo.

Esa misma influencia desde la infancia se refleja en cómo vemos a los demás. Muchas de nuestras primeras impresiones no nacen de la experiencia directa, sino de ideas heredadas: estereotipos o prejuicios que aprendimos incluso la mayoría del tiempo de manera inconsciente. Cuando convivimos con personas diferentes a nosotros —en la universidad, en el trabajo o incluso en redes sociales— tenemos la oportunidad de darnos cuenta de que nadie encaja por completo en una sola etiqueta. Ahí es donde la cultura deja de ser una barrera que nos encierra y se convierte en un puente para descubrir y conocer nuevas ideas.

Viajar es quizá el mejor ejemplo y una de las formas más claras de evidenciar la influencia de la cultura en la manera de ver el mundo. Al viajar no solamente te desplazas de un lugar a otro: entras en contacto con costumbres, valores, creencias, idiomas, gastronomía, música y formas de vida muy distintas a las propias, además, cada destino tiene su propia identidad cultural y diversidad.


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Fuente: Imagen Propia. Artesana del Centro Textil Munay Away II, en Chinchero, Perú.

Al viajar lo que antes percibíamos como “normal” deja de serlo, y empezamos a cuestionar nuestras propias creencias o modos de vida. Viajar no solo amplía el mapa del mundo que conocemos, también amplía nuestra mente: nos enseña a ser más flexibles, más empáticos y más conscientes de la diversidad que nos rodea. Viajar permite un intercambio cultural, tú aprendes de otras culturas y al mismo tiempo llevas para compartir algo de la tuya.

Finalmente, la cultura influye en cómo percibimos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Tomar conciencia de nuestra propia cultura nos brinda el poder de elegir qué valores conservar y cuáles transformar.

En un mundo cada vez más conectado, reflexionar sobre la cultura no es solo un ejercicio académico, sino una herramienta para crecer, convivir mejor y construir una versión más auténtica de nosotros mismos.


Referencias bibliográficas:

Busquet Duran, J. (Coord.) (2015). La cultura: ( ed.). Barcelona, Editorial UOC. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/unla/116317?page=10.

Fuller, N. (2013). Turismo y cultura: entre el entusiasmo y el recelo: ( ed.). Lima, Peru: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/unla/79331?page=57.


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