Publicado el 2022-07-30 en Bachillerato

Mi experiencia en los 13° Campeonato Panamericano Wushu Brasilia 2022

Por Aldara Cruz Gómez, estudiante del Bachillerato Universidad Latina de América

 

Después de intensos entrenamientos, comencé un viaje hacia mi nueva aventura, el sueño de cada atleta: representar a su país. Añoré esto desde hace años y el tenerlo frente a mí, llenó mi corazón de entusiasmo. 

 

Nuestra primera parada fue en Río de Janeiro, fue ahí donde caí en cuenta que estaba tocando tierra extranjera. Tras dos días más, nos encontrábamos en Brasilia, la sede del 13° Campeonato Panamericano de Wushu.

 

El primer entrenamiento nacional aconteció. Eran personas que ya conocía, pero esta vez no estábamos compitiendo entre sí en un nacional, más bien, éramos un equipo con el nombre de México. En ese momento, la presión comenzó a sentirse, nos presentamos ante el entrenador nacional y los compañeros. Por un momento me sentí algo mal, ya que había cometido errores básicos que, para esas alturas, ya no debían presentarse, sin embargo, preferí motivarme y tener en cuenta que incluso mentalmente debía estar equilibrada.

 

Al día siguiente, fue temprano el segundo entrenamiento nacional, donde las horas de sueño y concentración hacían que pudiera mejorar al entrenamiento anterior. Ese mismo día, por la tarde, fue la inauguración.  En el momento en que entré al estadio, me di cuenta realmente donde estaba situada; ver a tantos países estirando su bandera a la par que se sentaban con su equipo, causó euforia y alegría, tantas costumbres y rasgos distintos, pero un mismo lenguaje, el Wushu.

 

Esa tarde fue mi primera participación. Con Quiang Shu (Lanza) estiraba en el área de calentamiento, y los nervios comenzaban a consumirme, estar allí con las personas que deseaban el mismo lugar. Los voluntarios iban llevándose cada tres atletas de la categoría para su participación, la tensión de ver cómo cada instante que pasaba sabías que el momento de la verdad llegaba. Finalmente, estaba por pasar, una voluntaria vino y me llevó al interior del estadio, colocándome en el puesto de «siguiente»; sentí mis manos temblar, la aceleración de mi respiración y cómo cada parte de mi cuerpo tenía esa pequeña sensación, un sentimiento como si todo mi cuerpo, mente y corazón dijera: «Estoy terriblemente asustada», a la par cerré mis ojos intentando controlar la situación, sin embargo, la chica que participaba frente a mí estaba por terminar. Y sucedió. Sonó aquello que por el momento había olvidado, aquello que desde hacía años tanto añoraba: «Next competitor Karen Aldara Cruz Gómez from Mexico».  Abrí los ojos, sujeté mi implemento deportivo y entré al área, todo se conectó, dejé de temblar e incluso divagar, fue un momento en él que solo era yo y lo que amaba. La rutina dio inicio, tantos años, tantas noches pensando en aquello, tantos entrenamientos se unieron, escuchar tu nombre en el estadio, todo en el mismo instante, un instante que duró 85 segundos.  Terminé mi rutina y saludé al jurado, esperando mi calificación, las porras seguían en todo el estadio, tu país apoyándote notoriamente y sentir el fuerte latir de mi corazón.

 

 

Fue esta misma sensación la que me acompañó en la premiación: estirar tu bandera con orgullo mientras inclinabas ligeramente la cabeza, sintiendo como sobre mi cuello posicionaban la medalla de tercer lugar.

 

A pesar de todo, de competir unos contra otros, al final fue como si todos los países se unieran en uno mismo creando así una familia marcial internacional, cambiando pines, banderas, broches o cosas de tu país con el resto de atletas, tomarse fotos juntos, platicar e incluso cantar, porque dentro del área somos contrincantes, pero una vez fuera, somos una misma comunidad wushu. Agradezco infinitamente todo el apoyo moral brindado por mi Bachillerato Universidad Latina de América, por México y también por Michoacán. Soy orgullo potro, soy orgullo UNLA:  Aldara Cruz Gómez.

 

«Al Bienestar por la Cultura.»

 

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