Por: Eduardo Magaña Casillas, estudiante de primer semestre de la Licenciatura en Arquitectura, Urbanismo y Sustentabilidad UNLA.
La arquitectura es una forma de ver el mundo, entenderlo y construirlo; es el puente entre lo que somos y lo que soñamos ser, es vida traducida a forma: antes de levantar muros, tender techos o cimentar casas, debo construirme yo mismo. Creo firmemente que dentro de cada persona con autoridad hay alguien lleno de conocimiento. Ser arquitecto, entonces, no es una meta que se obtiene con un título; es más bien un camino de autoconocimiento, humildad y constante aprendizaje.
Los arquitectos no son personas que lo saben todo, pero siempre están buscando nuevos desafíos. No se trata solo de crear espacios físicos, sino de, con trabajo y dedicación, ser capaces de habitarnos a nosotros mismos. En la arquitectura no diseñas una cocina, diseñas el lugar donde una persona creará platillos; no proyectas una sala, diseñas el lugar donde un bebé va a dar sus primeros pasos; no construyes casas, contribuyes a construir la vida.
En un futuro, me veo siendo un gran arquitecto; quiero ser alguien que diseñe con y para las personas. No quiero ser la piedra que estorba, sino la luz que guía y acompaña. No quiero construir una sola y simple habitación de un hospital; quiero construir el espacio donde se van a decir los “te amo” más sinceros, donde la gente despedirá a sus seres más queridos o donde una madre verá a su bebé por primera vez; pero, sobre todo, quiero ser un arquitecto que nunca deje de cultivarse, porque —ahora lo sé— la verdadera arquitectura es aquella que nace de adentro hacia afuera.
Ensayo realizado en la materia de Teorías de la Arquitectura y el Urbanismo, a cargo de Ricardo Zambrano Escutia, docente de la UNLA.