Publicado el 2023-04-17 en Internacionalización Y Movilidad

Experiencias inolvidables en el intercambio estudiantil internacional

Fernanda Serrano Ramos, estudiante de la licenciatura en Relaciones Comerciales Internacionales

 

En enero de 2022, emprendí una aventura hacía la ciudad de Bilbao, País Vasco, España. La verdad es que no pensé mucho en irme hasta que estaba en el avión y empecé a temblar de nervios. Decidí irme sola, lo cual no es muy común ya que muchos estudiantes suelen irse con amigos o conocidos al lugar de destino, pero ese no fue mi caso.

 

Creo que lo mejor que puedes hacer es irte sin pensarlo mucho y sola, ya que sales completamente de tu zona de confort y vives una experiencia completamente diferente. Además, corrí el riesgo de que cuando me fui todavía estaba la situación del COVID y existía la posibilidad de que, si me iba, pudiera haber otra ola de contagios y quedarme encerrada en otro país, al otro lado del mundo, sin mi familia. Afortunadamente, esto no sucedió, pero en esta vida nada es seguro. 

 

El primer mes después de mi llegada fue el mes más difícil de mi experiencia en 2022. Los vascos parecían ser muy reservados y a veces se mostraban con actitudes un tanto groseras, que incluso podrían ser interpretadas como despectivas o racistas. Esto se debe a que los vascos tienen un fuerte sentido de pertenencia hacia el País Vasco y se identifican más como vascos que como españoles, lo que los distancia de otras regiones de España. En algunos casos, parecían ser condescendientes con los latinos. Además, el clima era muy frío, tanto que mis chaquetas no eran suficientes y tuve que comprar ropa especial para el frío. 

 

 

La universidad era muy difícil y más complicada aún, ya que nadie estaba dispuesto a ayudar a los estudiantes de intercambio. Además, como venía de una escuela privada, fue un gran choque cultural. Tenía mucha suerte si me tocaban asignaturas que tuvieran una perspectiva similar a la de México y si los profesores eran amables. 

 

Los primeros días fueron muy confusos, ya que todo estaba escrito en vasco. Fue a partir del tercer día que pude establecerme: compré un chip para mi teléfono, conseguí internet y pude hacer llamadas. En conclusión, mi experiencia no fue lo que esperaba y el choque cultural fue tan fuerte que me hizo pensar en volver a casa. Pensé que mis padres, en el momento en que les dijera "me quiero regresar", me dirían que sí. Pero lo que dijeron fue: "¿Te vas a dejar derrotar tan fácil?". Fue el peor mes, lloraba todos los días, intentaba adaptarme, pero no podía. Quería que el tiempo pasara rápido para irme. En las primeras dos semanas, hice amigas con dos mexicanas. Con una de ellas, Lara, había compartido el mismo vuelo y teníamos un amigo en común.

 

Me juntaba siempre que podía con Lara y luego llegó su otra amiga, Ximena. Al final, siempre estábamos las tres juntas. Le doy gracias a la vida por ponerlas en mi camino, ya que sin ellas no sé qué hubiera hecho. Aprendí tanto de ellas como ellas aprendieron de mí, y el intercambio siempre te brinda amistades para toda la vida.  

 

Ya para febrero, empecé a adaptarme y mi corazón empezó a sanar en todos los aspectos, me di cuenta que era afortunada de vivir esta experiencia y que mi familia me iba estar esperando siempre, así que lo mejor era disfrutar y echarle ganas. Empezamos a tener nuestro grupo de amigos, que la mayoría eran latinos, imposible tener un amigo vasco, muy pocos lo conseguían, ya que solo podían ayudarte en la escuela, pero fuera de eso no. Igual aclaro que no todos son así, ya que sí conocí a vascos que llegaron a ser muy buena onda. Viajamos, nos enfiestamos y claro que por supuesto estudiábamos. El tiempo se pasa increíblemente rápido cuando eres feliz y la pasas bien y algo que siempre me dijeron fue que ya después no me iba a querer regresar, lo cual fue muy cierto, pero como todo en la vida, tiene su final.

 

 Me despedí de mis amigos y di gracias a Bilbao por todo, ya que me fui amando esta hermosa ciudad y siempre será de mis favoritas de España. Tomé un vuelo a Madrid, ya que mi mamá y yo hicimos un tour por Europa que ya teníamos, pero se había pospuesto por el COVID y justo el semestre que me fui, se hizo, al ver a mi mamá lloré de felicidad, y estaba muy llena de emociones, ya que yo seguía en Europa y viajaría, pero ya de Bilbao, ya no regresaría y nunca íbamos a estar todos mis amigos juntos otra vez. Me fui de Bilbao siendo otra Fernanda, una Fernanda más segura de sí misma, con inteligencia emocional, llena de mucho amor, feliz porque, aunque me fuera de Bilbao, sé que tengo una vida increíble en México y una familia también, ya que eso lo valoré mucho, porque allá los vascos no son muy apegados con la familia, y mis amigos, la mayoría tenía una familia disfuncional, no estoy diciendo que mi vida es perfecta, pero tengo a mi familia completa y unida, y eso es un gran regalo. 

 

Aprendí a resolver problemas bajo presión, porque te pasa algo y estás allá sola, eso te hace aprender a reaccionar rápido, ya que estás en otro país y todo está en otro idioma. Aprendí a saber administrar mi dinero, porque el dinero que me mandaban era para la semana y si me lo terminaba antes, era mi problema, claro que sí había una emergencia no sería el caso, pero si no pues nunca sería suficiente dinero. Me hice mucho más segura de mi misma y  aprendí a amarme, a defenderme siempre y no tener miedo por estar sola, porque no estás sola, estás contigo misma.

 

 

En cuanto a la universidad, tomé cuatro materias, de las cuales aprobé dos. La verdad es que no me entristeció, porque sé que no fue por falta de esfuerzo. Las dos materias que pasé me enseñaron mucho, y agradecí a los profesores que me las impartieron. Ellos me dijeron que no serían como los demás vascos, porque la hija de uno de los maestros también había hecho un intercambio y entendía mi situación. El otro profesor era una persona muy amable. Los maestros de las materias que no pasé, por otro lado, no mostraron empatía y no ofrecieron la opción de dialogar. Los vascos me dijeron que era su tercera vez repitiendo esas materias, así que no había manera de pasarlas. Pensé que era mejor volver a mi México lindo.

 

También me di cuenta de que, en Europa, las personas que hacen intercambios suelen tener su hogar a solo dos horas en avión, ya que todo es mucho más cercano. Con los latinos, no había esa opción. Además, en País Vasco, las personas no salían mucho de ahí. Durante el verano, solo se iban a su pueblo o lugares cercanos. Nunca habían ido a Francia, por ejemplo. Me pareció una locura, ya que no tenían noción de lo cerca que estaba todo. Por supuesto, si no te vas a lo más lujoso, todo es accesible. Tampoco les importaba hablar inglés, solo hablaban castellano y vasco. Me resultó paradójico pensar que las personas que viven en Europa tienen poca apertura hacia otras culturas, pero creo que eso puede pasar en cualquier región.

 

Cuando regresé a México, tuve algunos problemas con mis padres, ya que ahora tenía que volver a vivir bajo sus reglas. Extrañaba mucho a mis amigos, pero como dije, en México tengo una vida bonita. Solo era cuestión de adaptarse, y eso es algo que aprendí durante mi intercambio. En poco tiempo, ya estaba adaptada de nuevo aquí. Como dicen: "mi México no tiene comparación". A pesar de todo, siempre voy a preferir a las personas de mi país, el ambiente familiar y de fiesta, somos muy ocurrentes y divertidos, y no hay nada como la mamá mexicana, el calor del hogar y, por supuesto, la comida.

 

 

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